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BENDICIÓN DE LOS PEREGRINOS
OREMOS
Oh Dios, que
inauguraste la primera de las peregrinaciones con tu siervo Abraham
desde Ur de Caldea hasta la Tierra Prometida.
Y que guiaste a Moisés por el desierto desde Egipto a la Tierra de
Canaán.
Dígnate bendecir a estos hijos tuyos que van a peregrinar
hasta el castillo de Javier en este tercer año del III Milenio.
Te pedimos que seas el compañero inseparable a lo largo del camino
y que dirijas sus pasos con tu gracia.
Que las Javieradas de este año nos ayuden a conocer la figura central
de Jesús, su mensaje de bondad y el amor fiel y misericordioso de Dios
Nuestro Padre.
Que cada uno pueda regresar a su casa con el corazón alegre
y el compromiso personal de cambiar de vida,
de tener más en cuenta a Dios en su vida de cada día,
con el deseo sincero de ser discípulos de Jesús sin miedos ni
respetos humanos,
con el valor y la fuerza de San Francisco Javier.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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INVOCACIONES
- Que el Señor dirija vuestros pasos con su gracia y
que sea vuestro compañero inseparable a lo largo del camino.
Amén.
- Que la Virgen, Santa María de Javier, os dispense su
maternal protección, os defienda en los peligros de alma y
cuerpo, y bajo su manto merezcáis llegar sanos y salvos al
final de vuestra peregrinación. Amén.
- Que San Francisco Javier os acompañe a
lo largo del camino en esta aventura del descubrimiento de
Jesucristo. Amén.
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GUÍA
PARA EL PEREGRINO
1.
SALMO PARA EL CAMINO
Indícame tus camino, Señor; enséñame tus sendas.
Que en mi vida se abran caminos de paz y bien, caminos de
justicia y libertad.
Que en mi vida se abran sendas de esperanza, sendas de igualdad y de
servicio.
Encamíname fielmente, Señor.
Enséñame tú que eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu lealtad nunca se acaban;
no te acuerdes de mis pecados.
Acuérdate de mí con tu lealtad, por tu bondad, Señor.
Tú eres bueno y recto, y enseñas el camino a los
desorientados.
Encamina a los humildes por la rectitud, enseña a
los humildes su camino.
Tus sendas son la lealtad y la fidelidad,
para los que guardan tu alianza y
tus mandatos.
Porque eres bueno, perdona mi culpa.
Cuando te soy fiel, Señor, tú me enseñas un camino
cierto.
Puesto mis ojos puestos en tí, que me libras de mis
amarras y ataduras.
Vuélvete hacia mí y ten piedad, pues estoy solo y
afligido.
Ensancha mi corazón encogido y sácame de mis
angustias.
Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis
pecados.
Señor, guarda mi vida y líbrame de mí mismo.
Señor, que salga de mi concha y vaya hacia ti,
y que no quede defraudado de
haberme confiado a ti.
Indícame tus caminos, Señor, tú que eres el
Camino.
Hazme andar por el sendero de la verdad, tú que eres
la Verdad del hombre.
Despierta en mí el manantial de la vida, tú que
eres la Vida de cuanto existe.
(Ps. 24) 2.
SALMO
POR EL CAMINO.
Señor
Jesús, eres luz para mi camino,
eres el Salvador que yo espero.
¿Por qué esos miedos ocultos?. ¿A quién temo,
Señor?.
La vida es como una encrucijada,
y a veces indeciso no sé por
dónde ir.
Creo en ti, Señor Jesús.
Tú eres la defensa de mi vida.
¿Quién me hará temblar?.
Lo sé de sobra: seguirte es duro,
¡hay tantas cosas fáciles de
conquistas a mi lado!.
Yo sé, Señor, que si me dejo llevar por ellas,
me amarrarán hasta quitarme la
libertad que busco.
Yo sé que, si te sigo y me fía de ti,
los obstáculos del camino caerán
como hojas de otoño.
Aunque la mentira y la violencia acampen contra mí,
aunque el dinero y el placer me
rodee como un ejército,
mi corazón, Señor Jesús, no
tiembla.
Aunque la publicidad fácil me declare la guerra
y mis ojos encuentren en cada
esquina
una llamada a perder mi dignidad
humana,
mi corazón dirá que no, porque en
ti me siento tranquilo.
Una cos te pido, Señor, y es lo que busco:
vivir unido a ti, tenerte como
amigo
y alegrarme de tu amistad sincera
para conmigo.
En la tentación me guarecerás,
algo así como el paraguas de la
lluvia;
en la tentación me esconderás en
un rincón de tu tienda,
y así me sentiré seguro como
sobre roca firme.
Señor Jesús, escúchame, que te llamo.
Ten piedad. Respóndeme, que busco tu rostro.
Mi corazón me dice que tú me quieres
y que estás presente en mí,
que te preocupas de mis problemas
como un amigo verdadero.
Busco tu rostro: no me escondas tu rostro.
No me abandones, pues tú eres mi Salvador.
Dame la certeza de saber que,
aunque mi padre y mi madre me
abandonaras,
tú siempre estarás fiel a mi
lado.
Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana.
Yo espero gozar siempre de tu compañía.
Yo quiero gozar siempre de tu Vida en mi vida.
Espero en ti, Señor Jesús:
dame un corazón valiente y animoso
para seguirte.
Tú que eres luz para mi camino y el Salvador en
quien yo confío.
(Ps. 26) 
3.
ORACIÓN POR EL CAMINO.
Acudamos al Señor desde nuestra debilidad
y usemos las palabras del
Evangelio.
Somos pobres y débiles para acoger la llamada del
Señor.
Digamos con toda humildad: 1)
Con San Pedro te decimos: "Señor,
tú lo sabes todo; tú sabes que te amo". 2)
Con la Samaritana te decimos: "Dame
esa agua que salta hasta la vida eterna". 3)
Con Santo Tomás te invocamos: "Señor
mío y Dios mío". 4)
Con la mujer Cananea acudimos diciendo: "Señor,
ayúdame". 5)
Y con Pedro en el lago: "Aparta
de mí, Señor, que soy un gran pecador". 6)
Con los dos leprosos de Samaria te suplicamos: "Jesús,
hijo de David, ten compasión de nosotros". 7)
Y con los discípulos en la tempestad: "Señor,
sálvanos que perecemos". 8)
Y con Pedro en la montaña: "¿A
dónde iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna". 9)
Con el Buen Ladrón te decimos: "Acuérdate
de mí, cuando estés en tu Reino". 10)
Y con el Centurión: "¡Verdaderamente
éste era el Hijo de Dios!". 
4.
PLEGARIA LITÁNICA.
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Jesús, que curaste a los ciegos (Mt 11, 5; Mc 8, 22):
- ILUMÍNANOS,
SEÑOR.
Jesús, que limpiaste a los leprosos (Mt 11, 5; Lc 17, 12 - 14):
- LÍMPIANOS, SEÑOR.
Jesús, que diste voz y oído al sordomudo (Mc 7, 31 - 37):
- ESCÚCHANOS, SEÑOR.
Jesús, que sanaste al paralítico de Cafarnaúm (Mt 8, 1 - 8):
- LEVÁNTANOS, SEÑOR.
Jesús que curaste al siervo del Centurión (Lc 7, 1 - 10):
- AYÚDANOS, SEÑOR.
Jesús, que curaste al hombre de la mano rígida (Lc 6, 6 -11):
- AYÚDANOS, SEÑOR.
Jesús, que curaste a la mujer con flujo de sangre (Mt 9, 20 -
22):
- AYÚDANOS, SEÑOR.
Jesús, que curaste a la suegra de Pedro (Mc 1, 29 - 31):
- AYÚDANOS, SEÑOR.
Jesús, que curaste a la mujer encorvada (Lc 13, 10 - 17):
- AYÚDANOS, SEÑOR.
Jesús, que limpiaste al poseso de Cafarnaúm (Mc 5, 1 - 20):
- PURIFÍCANOS, SEÑOR.
Jesús, que limpiaste al ciego y al mudo (Mt 12, 22):
- PURIFÍCANOS, SEÑOR.
Jesús, que limpiaste al poseso de Gerasa (Mc 5, 1 - 20):
- PURIFÍCANOS, SEÑOR.
Jesús, que limpiaste a la joven posesa cananea (Mt 15, 21 - 28):
- PURIFÍCANOS, SEÑOR.
Jesús, que resucitaste a Lázaro (Jn 11, 1 - 45):
- RESUCÍTANOS, SEÑOR.
Jesús, que resucitaste al hijo de la viuda de Naín (Lc 7, 11 -
16):
- RESUCÍTANOS, SEÑOR.
Jesús, que resucitaste a la hija de Jairo (Mt 9, 18 - 26):
- RESUCÍTANOS, SEÑOR.
Jesús, que resucitaste Tú al tercer día (Mt 27, 62/28, 10):
- RESUCÍTANOS, SEÑOR.
Jesús, que convertiste el agua en vino (Jn 2, 1- 11):
- TRANSFÓRMANOS, SEÑOR.
Jesús, que convertiste a Mateo en tu Apóstol ((Lc 5, 27 - 29):
- TRANSFÓRMANOS, SEÑOR.
Jesús, que convertiste a Zaqueo en tu discípulo (Lc 19, 1 - 10):
- TRANSFÓRMANOS, SEÑOR.
Jesús, que caminaste sobre las aguas (Mt 14, 22 - 23):
- DANOS SEGURIDAD.
Jesús, que apaciguaste la tormenta (Mt 8, 23 - 27):
- DANOS FE EN LA PRUEBA, SEÑOR.
Jesús,
por tu bautismo (Jn 1, 29 - 34):
- SANTIFÍCANOS, SEÑOR.
Jesús,
por tus ayunos (Mt 4, 1 - 3):
- SANTIFÍCANOS, SEÑOR.
Jesús,
por tus noches de oración (Lc 6, 12):
- SANTIFÍCANOS, SEÑOR.
Jesús,
por tus sufrimientos en la Pasión (Mt 26 y 27):
- SANTIFÍCANOS, SEÑOR.
Jesús, por tu perdón a la mujer adúltera (Jn 8, 1 - 11):
- PERDONA A LOS QUE TE HEMOS OFENDIDO.
Jesús, por tu perdón a la pecadora (Lc 7, 36 - 50):
- PERDONA A LOS QUE TE HEMOS OFENDIDO.
Jesús, por tu perdón al paralítico (Mc 2, 1 - 12):
- PERDONA A LOS QUE TE HEMOS OFENDIDO.
Jesús, por tu espera al pródigo (Lc 15, 11 - 32):
- NO TE CANSES DE NOSOTROS.
Jesús por tu promesa al Buen Ladrón (Lc 23, 43):
- NO TE CANSES DE NOSOTROS.
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